CORRESPONDENCIA LUNAR


IMG_1096Luigi:
Epa Luna, ¿como andas?

Luna: Digamos que bien. ¿Que tal tú?

Luigi: Igual, en el oficio, luchando con una melodía que no termino.

Luna: Si apareces para que te eche una mano con eso, esfúmate.

Luigi: ¿me crees tan interesado?

Luna: Mmmm, quizás. Los años me han acomplejado. He sido demasiado manoseada por artistas cursis como tú. Gracias a Dios la música urbana me ha dejado descansar. Me cambiaron por nalgas de acero y senos gordos, pero no me quejo.

Luigi: Yo siempre te tengo presente.

Luna: Si, para mal, me gustaría que me jodieras menos Luigi.

Luigi: creo que estar expuesta todas las noches por varios miles de años te alteró el humor y el ego.

Luna: No me ofende en lo mas mínimo que lo digas, es cierto, al menos me conoces bien.

Luigi: ¿qué te convirtió en la Cruella de Vil del espacio exterior?

Luna: larga historia.

Luigi: tengo tiempo.

Luna: Ok. En el comienzo de los tiempos me sentía como un ornamento fofo flotando en la galaxia. No tenía un carajo que hacer salvo subir el nivel de las mareas una vez al día, después me tocaba sacarme los mocos por las siguientes 23 horas. Se puso sabroso mi trabajo unos milloncitos de años después, cuando aparecieron ustedes, las personas. Entonces me di cuenta que tenía esta capacidad de influir sobre algunas emociones humanas. Alrededor de ese oficio me inventé una agenda.

Luigi: Eso suena increíble, tamaño poder lunita.

Luna: Tamaño ladilla querrás decir. Deja que termine mi historia

Luigi: Perdón, adelante.

Luna: Aquello fue grandioso. De repente yo era Steven Spielberg, Pepeto, el Circo del Sol, el Kino Tachira, Justin Bieber y la Tigresa del Oriente juntos, lo era todo para ustedes.  La gente me contemplaba por horas, me rezaban, me cantaban, me escribían sentidas oraciones. Me fui convirtiendo en cómplice de millones de tortolos, coautora de muchísimas historias sentimentales. Nació la astrología, celebrando mi capacidad de influir, y de su mano, aunque con notables desaciertos, me hice guía de los pasos de millones de personas en el mundo, en fin, fui testigo y parte de capítulos maravillosos del corazón humano. Buenos tiempos mi estimado, buenos tiempos.

Luigi: Perdona que te ataje pero, también te inventaste tareas menos ejemplares. ¿o no tienes nada que ver con esas mujeres temperamentales que desde hace siglos pelean por razones imposibles?

Luna: mea culpa

Luigi: entonces aquello de la menstruación…

Luna: Digamos que esta sobrevalorada, yo aprovecho la coyuntura hormonal para divertirme creando conflictos entre parejas. Es solo un deporte.

Luigi: Ok, continua tu historia.

Luna: Bueno, el caso es que luego vino este partnership con las musas. Descubrimos que juntas podíamos elevar ideas dentro de los corazones sensibles. Fue una sociedad maravillosa, sin duda muchas paredes del Louvre, algunas paginas del Quijote y todos los tracks del Sargent Pepper no hubiesen existido sin nuestro aporte (y el de otras sustancias). Pero al pasar el tiempo vino una sobreexplotación de mi imagen. Poco a poco me fueron convirtiendo en un recurso altamente predecible, trillado. Luego lo inevitable, una invasión de poetas de medio pelo que creyendo que con evocar mi nombre merecían el olimpo de las artes liricas. Siglos después llegó Air Supply. Luego la debacle.  “Luna” solía ser una marca muy respetada.

Luigi: Me gustan los discos de Air Supply.

Luna: Pues a mi no. Abusaron de mi, me hace feliz que decayera su popularidad. Saber que ahora solo giran en países donde nadie tiene idea lo que dicen sus canciones, como China, le da un poco de paz a mi corazón. Además, era el dúo favorito de los Fantasmas del Caribe, dime tu.

Luigi: Creo que eres muy dura.

Luna: soy honesta que no es lo mismo ¿Leíste “De la tierra a la luna” de Julio Verne?

Luigi: Gloriosa!

Luna: Gloriosa cagada querrás decir.

Luigi: ¿Pero como vas a decir eso?

Luna: Por un lado me favoreció, el mundo por primera vez me vio como lo que soy: una roca atravesada en el paisaje galáctico en vez de un articulo decorativo de altas dimensiones. Lo malo fue que la gente empezó a fantasear con la idea de venir pa acá como quien va a las Bahamas, y esa sola idea me caga mucho.

Luigi: ¿No es peor estar sola?

Luna: No, descubrí que no. Nadie había venido a joder hasta que llegaron los gringos con sus carritos y sus palitas a curucutearle la cabeza a uno. Esas cosquillitas me gustaron, pero al final se llevaron tropezones de algo que era mío desde épocas remotas. Además, mi piel es áspera pero sensible Luigi.

Luigi: ¡vanidosa la niña!

Luna: el glamour es lo último que se pierde. Además, otros cuantos viajecitos de esos y los americanos a punta de pico y pala me dejan en modo cuarto menguante, perennemente.

Luigi: Me imagino que sufres por el futuro que se te avecina, me es fácil proyectar a mis tataranietos llevando a sus jevas de vacaciones a resorts construidos en superficie lunar.

Luna: Claaaro!!!!! Nojoda en cada cráter de estos caben 25 Marriott. La franja hotelera de Cancún será una hormiguita al lado de lo que levantarán acá.  A lo que den con la tecnología, adiós privacidad, adiós soledad, adiós vida. Ah, y peor que eso, hola gringos fumando marihuana y tirando basura por todos mis rincones, hola saqueo de piedras lunares, hola legislación truculenta a favor de países explotadores del espacio lunar, hola persecución y plomo por posesión ilegal de algunas vainas que me van a sacar y que van a valer mucho dinero allá abajo. Será cuestión de unos siglos para que quede saqueada, apagada, estéril y hasta irreconocible desde la tierra. Mas nadie se fijará en mi.

Luigi: Ahora que dices eso, acabo de descubrir algo. ¿No es en esencia el anonimato que nunca has tenido lo que buscas? ¿No te haría entonces la humanidad un gran favor?

Luna: mmm…… no lo sé, quizás Luigi… pero una cosa es ser anónima y otra muy distinta quedar anómala, choreta.

Luigi: ok, creo que entiendo. Por otro lado. ¿Que luna se ve desde la Luna? Estando encima de ti ¿quien mueve las tuercas, las poleas y los errajes en el corazón de un verdadero poeta?…  ¿no será ese tu verdadero temor, dejar desamparados a los artistas que te colonicen?… ¿no crees además que los besos al calor de un bombillo son otra historia, menor?

Luigi: Luna?

Luigi: Lunita?

Luna: no lo sé… creo que… creo que tienes algo de razón, a fin de cuentas estoy acostumbrada a ser esta estrella de circo venida a menos. Tengo un buen trabajo, le debo mucho a mi audiencia. Hay gente que se dedica a limpiar cañerías y hay técnicos de sonido de Air Supply sufriendo en China. Estoy siendo ingrata ante Dios.

Luigi: No esta mal Lunita, un poco de introspección viene bien.

Luna: Si Luigi, por cierto, como vas con la canción, necesitas una ayuda amigo?

CORDURA DE NUNCA

IMG_1097Habían limpiado profundamente la blanca habitación. Ya no quedaba nada, ni las huellas de las patas de los centauros bailarines, ni siquiera una pluma de los querubines que revolotearon colgados de las aspas del  ventilador,  ni un eco de las olorosas  palabras que se deslizaron en forma de humo al ras del suelo. A Jorge, en el momento mas efervescente de aquella fiesta, tuvieron que forzarlo entre tres enfermeros para que se tomara su medicamento de realidades en cápsulas. Horas después, el pobre paciente se enfrentaba de nuevo a las cuatro paredes de siempre,  a las soledades de siempre, a la cordura de nunca.

SABINA: EL MUNDO DENTRO DE UNA CHISTERA

A Sabina frecuentemente le acompaña un sombrero. Lo usa para poder quitárselo, para no estar desarmado cuando la vida lo premie con ovaciones y aplausos; le da también la utilidad de los magos, arrancando de las entrañas de esa chistera sus canciónes imposibles, las que nadie vio venir, esas que de tan inoportunas terminan por ser insolentemente oportunas, porque suelen estar confeccionadas a la medida de nuestra tristeza. Joaquín Sabina patentó la canción que nos duele y a la vez nos consuela.
Escucharlo provoca todo menos indiferencia, porque en cada una de sus letras nos vende un mundo intenso, transitado por él muchas veces; un mundo lleno de farras, pero farras con bemoles, con un dejo de melancolía para que no peque de estéril el sentimiento. Un mundo donde las putas se merecen la más hermosa de las canciones, donde la rutina es la peste de la que se huye, donde las mujeres son patria, y los hombres, solo hombres. Un mundo donde los matrimonios se viven sin perder de vista la salida de emergencia. Un mundo donde se celebran las noches que comienzan de mañana, las playas sin mar, los besos incluso si son de Judas; un mundo donde el hombre detrás de la barra es un amigo entrañable, donde una mentira piadosa vale lo que dos gordas verdades. Su música es una invitación abierta a recordar que la vida no es solo para estar en ella, sino para participar en su alocada fiesta.
A pesar de su conocido affaire con los sonetos y la poesía escrita, las letras de Sabina cobran brillo al hacer combustión con melodías, y en ese abrazo ganan la condición indisoluble de “canción” que tanto venera; por eso sería injusto entenderlo exclusivamente como un “letrista”. ¡Coño, él es un compositor!
En lo personal, todo sabiniano sabe que no usa celular, que adora irse de copas con sus amigos, que de su altar doméstico caen a visitarlo deidades como García Márquez, que de su época de drogas y excesos se echa de menos a si mismo acomodando igual estribillo durante varios días sin dormir; que le gustó tan poquito trabajar con Fito Páez como disfrutó girar con Serrat; que mata igual por Dylan como por José Alfredo Jiménez, que su rincón de Tirso de Molina mas que un apartamento es un planeta de unos pocos metros cuadrados, que en su atolondrado corazón consiguen siempre parqueadero sus hijas, su compañera Jimena y una legión de hambrientos seguidores que le recuerdan cada vez que pueden que sí, que es un genio con fachada de antigenio.
Aquellos que alguna vez hemos brindado con un Joaquín imaginario un trago a fondo blanco, esperamos que le queden muchos años ordeñando sus tinteros borrachos de canciones, que se mantenga tan joven y tan viejo como siempre, que no se mude de la calle melancolía, que siga apostando doble o nada, que el cura que venga a darle la extremaunción apenas sea un monaguillo, y que cuando se le antoje poner a su último verso la última palabra, a ese punto final de los finales, le sigan dos puntos suspensivos…